lunes, 2 de marzo de 2009
EL CIUDADANO DE LAZKAO Y LAS ELECCIONES VASCAS
Quienes se han fijado en este punto desde el País Vasco siempre han constatado este dato como algo positivo; pese a tantos años de miedo, violencia, coerción, amenaza y daño la parte civil que ha soportado los desmanes del terrorismo ha encajado los golpes con estoicismo (quiero pensar en esa palabra aunque no me olvido del componente miedo). Si de modo organizado una parte de esa sociedad hubiese decidido responder con los mismos gestos a sus atacantes, sin duda estaríamos en un escenario más cercano al del Ulster de lo que es. Que no haya sido así es motivo de satisfacción.
Sin embargo la semana pasada se produjo un hecho insólito por todos conocido. La reacción violenta de una víctima. E inmediatamente su pueblo se llenó de pasquines con su nombre tildado de fascista y un poco después la reacción de apoyo ha concentrado miles de "agregados" en foros y redes de internet. Y el debate corriendo como la pólvora...,en estos días he visto en televisión debates con tertulianos realmente bizarros para tratar un tema como este, ya sabemos como está ese tema en España. El caso es que por lo general todo el mundo coincide en la misma cosa: la acción de este hombre es entendible pero no justificable. Con mayor o menor acierto argumental todos parecen estar de acuerdo. Y yo también. No puedo negar un regustillo cuando veo las imágenes en televisión, no reprimes un "ya era hora" que aparece por la cabeza como primer pensamiento, deseas que alguien haga la vista gorda y no le procesen por atentar contra la propiedad privada. Sin embargo al momento caes en la cuenta de que su cara está nítida en televisión, y piensas en lo que tantas otras veces ha ocurrido, y sientes miedo por esta persona, y comienzas a imaginar que si, más bien pronto que tarde, a este chico le pasase algo, es probable que, tras el precedente por él mismo sentado más el cariz mediático de la situación, pudiese haber otra reacción, quizá ya de un grupo de personas en lugar de una, o que simplemente, sin que nada de esto pase, la próxima vez que ETA actúe alguien decida responder...y esto, por mucho que mate al galopante sentimiento justiciero que aflora en caliente, sería trágico, porque establecería los primeros pasos hacia la ulsterización del País Vasco. Algo que conlleva una espiral violenta en ambas direcciones que conocemos de sobra. No es deseable, no. Pero es más, que los no nacionalistas respondan es entrar en una dinámica que favorece a las pretensiones de ETA, y no se les puede regalar esto.
Puede que haya quien esté pensando que quizá una reacción agresiva por parte de la población civil esconda el fin de ETA. De hecho en Irlanda del Norte existe un factor fundamental que forma parte del análisis de la propensión del IRA a dejar las armas, y no es otro que la existencia de otro bando armado, es decir, el alto coste de que tu matas, pero también están matando a los tuyos. Imaginar una movilización cívica amenazante contra las Herriko Tabernas, imaginar el trasvase del miedo de un bando a otro y que esto les haga huir como las ratas puede ser muy épico, fílmico y reconfortante, pero extremadamente peligroso. Creo que la ciudadanía democrática se ha expresado en multitud de ocasiones contra la violencia de forma pacífica, y ETA ha hecho caso omiso, su propia dialéctica se ha encargado de defenestrar a este sentir ciudadano y colocarlo en el "bando enemigo". Nada hace pensar que una reacción agresiva les hiciese reconsiderar su postura. Es tentador, pero no deseable, contiene una serie de elementos dejados al azar que hacen el escenario imprevisible, y lo último que necesita Euskadi es más violencia, precisamente ahora que ETA parece estar muy acorralada.
Y el ciudadano de Lazkao ya se ha arrepentido. Guardará nuestra solidaridad moral y simpatía, pero no podrá ser ejemplo a seguir.
Y anoche las urnas hablaron, y por primera vez las fuerzas no nacionalistas superaron a las nacionalistas. Muy significativo. Y dudo que ETA escuche, porque para ellos, como para gente como Arzallus, estas elecciones estaban adulteradas. Se plantea ahora el interesante juego de pactos para formar gobierno. Visto desde el enfoque dicotómico de nacionalistas/constitucionalistas hay una mayoría absoluta compuesta por PSOE, PP y UPD que encierra un obstáculo importante, que el Lehandakari, a todas luces Patxi López, tendría que formar gobierno con su rival natural en la arena política. Sólo bajo la bandera del frentismo antinacionalista, debidamente aderezado para significarlo como frente anti-ETA, que no anti PNV o cualquier otro partido del nacionalismo democrático, sería entendible este pacto. Sería un gobierno con un fin muy claro para su legislatura, pero también muy exigente y con alto desgaste, y con la dificultad de tener que dedicarse a las parcelas propias de la gobernanza no contaminadas por el terrorismo, y hacerlo desde posturas tan diferentes (en ciertas cosas) como las del PP y PSOE tarde o temprano acabaría trayendo dificultades. Por otro lado es interesante saber qué dice ahora el PP sobre aquella cantinela de que gobierne el más votado cuando los pactos le dejaban fuera del poder, sobre todo porque se trata del País Vasco, y están a un paso de ver cumplido uno de sus sueños más deseados.
Patxi López ya ha anunciado que quiere ser Lehendakari, pero aún desconocemos de qué modo. Un pacto con el PP podría tener consecuencias en el resto de España, y una reedición del bipartito del 86 con el PNV le daría la Lehendakaritza a Ibarretxe y no a él. Aquella experiencia siempre ha sido recordada como muy satisfactoria, pero las condiciones eran otras, hoy, con un Ibarretxe enfrascado en caminar hacia el autogobierno veo muy complicado un pacto de este tipo. Lo más lógico, por mucho que sea renunciar al caramelo, sería dejar a Ibarretxe gobernar en minoría, sometido al desgaste parlamentario. Esto, a sabiendas de que el bloque nacionalista ya no le resulta suficiente, le obligaría a reconducir su discurso.
Y como siempre, el gran temor: ¿cuál sería la reacción de ETA con PSOE, PP y UPD en Vitoria?
jueves, 12 de febrero de 2009
MANIFIESTO FURIOSO
No soy economista, es un tema que reconozco necesario que existan expertos, pero que me aburre y, en muy buena parte, no comprendo, probablemente por la dificultad para moverse sin una preparación específica en una jerga tan particular y en unas parcelas a veces tan intangibles e irreales. Quedémonos con la palabra irreal porque volverá a salir. Sin embargo creo que llego a entender el meollo de la cuestión, el problema de fondo, y por ello doy gracias a mis conocimientos socio-políticos. Esto es lo que alguien con este perfil entiende de lo que está pasando:
Si leemos un poquito y alcanzamos una perspectiva histórica para ver las cosas no será muy difícil llegar a la conclusión de que hemos sido domesticados y que vivimos en una dictadura global laxa, atípica, sin militares por las calles y sin policía política, en un régimen colorista y feliz, en el que se nos ha domeñado para individualizarnos cada vez más y para que nos veamos rodeados de una ficción de aburguesamiento. Pero en realidad, estamos dominados. No por atípica esta dictadura es nueva, lleva mucho tiempo concebida y hace tiempo que existe. Hoy se recurre mucho a hacer comparaciones con la crisis del 29, pero lo que se nos oculta es una descripción explicativa de por qué surgió, cuáles fueron sus antecedentes y en qué desembocó. De un modo sucinto podríamos resumir que el modelo capitalista que venía desarrollándose en el siglo XIX hasta 1929 había pasado de la producción de bienes de primera necesidad a bienes de consumo general. Se creó la premisa de que a mayor producción mayores ventas. Había por tanto que inundar el mercado de productos. Para paliar la contrariedad de que no todo el mundo era capaz de costearse esos bienes había que producir a bajo coste y para ello era pieza clave el viejo modelo de explotación obrera: jornadas de trabajo eternas, carencia de regulación social del trabajo, sueldos míseros y condiciones de vida que hoy veríamos como tercermundistas. Ese modelo fue el que facilitó la aparición de las doctrinas obreras, dando aliento y válvula de escape a los explotados y fue caldo de cultivo para generar el concepto de revolución. El sistema capitalista capeó el temporal (salvo en Rusia en 1917) durante décadas gracias a la indiferencia gubernativa ante las huelgas y su alineamiento más o menos férreo con el “orden empresarial”. Pero en 1929 se abrió otro frente: la sobreproducción llegó a su límite, el mercado se colapsó, ya no había quien comprase y quiénes aún no compraban era porque no podían. Fiel a la ley de la oferta y la demanda los precios cayeron en picado, los artículos de consumo perdieron valor y con él las empresas fabricantes gracias a ese invento especulativo llamado bolsa. La ruina corría por el globo. Por tanto el sistema se quebraba por dos flancos, el que podríamos calificar como el suyo propio, su campo de juego, víctima de malas previsiones, y por otro desde el lado del descontento social; a los obreros explotados había que sumar miles de familias en ruina víctimas de la crisis. No debemos de olvidar el contexto histórico en que estamos, el periodo de entreguerras, y añadir el cataclismo económico a las consecuencias (también de base económica) que venían sufriendo los perdedores del 18 (en especial Alemania). Eran los años en que nuevas veleidades imperialistas florecían (Japón), en que mitos nacionales descargaban su ira contra enemigos externos e internos (Alemania nazi), y en que nuevos “ismos” asaltaban el estado para hacerlo renacer desde extremos opuestos (el fascismo italiano ya campaba a sus anchas, los bolcheviques habían dado a la luz la Unión Soviética y otros intentos había fracasado por diversas partes de Europa como la Revolución espartaquista que quiso aprovechar la derrota del 18 para hacer su revolución en Alemania). Por tanto nos encaminamos a una II Guerra Mundial que en sus raíces profundas guarda muchos ligámenes con causas socioeconómicas derivadas de la crisis y el hartazgo sistémico desde diversos frentes.
¿Y qué cambió en 1945? El capital comprendió que la inestabilidad social podía provocar guerras nefastas (no para la industria armamentística –se ha demostrado fehacientemente que una guerrita de vez en cuando les viene bien a unos cuantos para hacer dinero-), y que para que un sistema basado en el consumo a gran escala no volviera a quebrar había que mantener a una gran cantidad de asalariados con capacidad de gasto para mantener ese consumo y continuar la producción masiva de cosas. El desarrollismo es hijo de esto y el uso sistemático del concepto de progreso se liga al interés económico (y no a una concepción social de la política de izquierdas como aún se nos quiere hacer creer). No es casualidad que Estados Unidos pusiese tanto énfasis en la reconstrucción de Europa, los acuerdos de Versalles demostraron que no se podía dejar a los perdedores de una guerra abandonados a su suerte e hipotecados de por vida con unas sanciones estratosféricas, pero además se vio claramente que, ante el auge de la Unión Soviética se abría un nuevo frente geoestratégico y que la afiliación para la causa de Europa debía basarse en la asunción de la democracia capitalista como panacea del progreso. La estructura seguiría siendo la misma, pero cambiando algunos detalles, y en ellos está la génesis del modelo que ha llegado hasta hoy día. Ya en el 29 se empezó a utilizar la publicidad masiva como intento desesperado de dar salida a los bienes que cogían polvo en las estanterías y que sangraban el sistema. Ahí comenzó la importancia del bombardeo constante de hoy para que compremos sin descanso. Pero para que el consumo fuese generalizado había que soltar amarras con la explotación obrera, el sistema no podía mantener a una buena parte de su población como semi-esclavos, los trabajadores debían entrar a formar parte del cuerpo social de consumidores efectivos y para ello su poder adquisitivo debía crecer, había que poner en práctica leyes de protección laboral, social y salarial, había que poner en marcha el “estado de bienestar”, apoyado en socialdemocracias escarmentadas de la sangre vertida en pos del socialismo y el comunismo secular y en partidos liberales igualmente escarmentados por los excesos de la empresa capitalista feroz. La paz social se impuso como piedra clave del mantenimiento del sistema. Además, el neocolonialismo fue puesto en práctica como válvula de escape de las grandes corporaciones que en este “nuevo estado” vieron sus beneficios clásicos dejar de caminar de un modo tan boyante. Las emancipaciones nacionales no se vieron acompañadas de emancipaciones económicas, y las riquezas de América Latina y África continuaron bajo dominio extranjero, acentuadas más si cabe. El club Bilderberg, ese contubernio del dinero del que hoy cada vez oímos hablar más, pero seguimos sabiendo poco, nació entonces con la finalidad de controlar a nivel mundial los movimientos monetarios y los negocios de los grandes.
Este nuevo modelo aguantó bien durante décadas, pero el capitalismo, cuya razón de ser es la acumulación, no podía soportar durante mucho tiempo el hecho de saber que existían expectativas para seguir aumentando su riqueza y no aprovecharlas. Se comenzó a poner en cuestión el “estado del bienestar”, nacieron los neocons y las nuevas camadas ultraliberales se pusieron manos a la obra para empezar a desregularizar y demonizar al “estado paternalista”. Con Reagan y Thatcher a la cabeza comenzaron en los años ochenta nuevas prácticas del viejo capitalismo feroz. Sus huellas son rastreables y sus manifestaciones son muy evidentes, no hay más que mirar a nuestro alrededor:
- Se han privatizado empresas nacionales estratégicas, generalmente cayendo en manos de amiguitos y amiguetes, pero siempre bien colocados en la elite económica.
- Se dan pasos hacia la desarticulación del sistema de salud universal y las pensiones.
- Se apoya cada vez más la educación privada concertada y se depaupera la pública.
- Se externalizan cada vez más servicios oficiales de ayuntamientos y otras corporaciones públicas.
En definitiva se corre el rumor de que el Estado es una máquina de perder dinero y que todas estas cosas estarán mejor en manos privadas, olvidando lo que pasa cuando al sector privado le van mal las cosas, olvidando lo que puede pasar si la gestión privada aplica su sacrosanta ley de costes y beneficios. Estamos jugando con fuego con bienes de todos que costaron mucho conquistar.
Y mientras tanto se pare la GLOBALIZACIÓN. El último gran engaño, el último empuje hacia un sistema capitalista mundial sin fronteras, para que el dinero fluya de un lado a otro del planeta y las grandes empresas se apoderen de todo. Se nos vendió como un nuevo modo de entender el mundo, apoyado en la revolución tecnológica de las nuevas comunicaciones, en un paso de gigante hacia el enriquecimiento cultural, pero realmente ha supuesto un albadonazo a la cultura del dinero. Ha quedado de sobra demostrado que la globalización ha favorecido que la riqueza se acumule cada vez más en manos de menos. Las grandes muntinacionales se han fusionado y han fagocitado a las pequeñas, están destruyendo a ritmo vertiginoso los pequeños comercios y negocios, se están quedando con todo. Salid a la calle y mirad: siempre las mismas tiendas, siempre los mismos productos.
Pero para que esto sea posible es estrictamente necesario que el consumo se dispare. Por tanto seguimos manejando las mismas premisas que décadas atrás, pero como el capitalismo siempre quiere más había que inventar alguna nueva fórmula para que la inmensa mayoría de la población, occidental sobre todo, pueda consumir por encima de sus posibilidades: el crédito. No es un invento nuevo, pero ha sido en estas últimas décadas cuando se ha desarrollado de forma exponencial…e irracional.
Primero se nos ha bombardeado a publicidad, se nos han puesto los dientes largos con todo tipo de productos hasta que los hemos deseados y los hemos asumido como imprescindibles para nuestra vida cotidiana. En definitiva se nos ha generado un modo de vida a imitar. Por eso todos deseamos cosas, todos queremos un tele grande, varios coches por familia, varias vacaciones al año fuera de casa, teléfonos móviles a la última, tener quince pares de zapatos y muchos vestiditos en el armario, tener los mejores electrodomésticos. Todos queremos parecernos al señor del anuncio de la tele, aparentar ser prósperos, ser felices en lo material. ¿Pero eso es posible? Por supuesto. Ya lo decía Máster Card en aquel anuncio infame “CON LAS ILUSIONES DE TU HIJO NO SE JUEGA” o algo así decía mientras invitaba al sufrido padre a contraer una deudita pagando a crédito para que el nene pudiese vestir los últimos (y más caros) productos deportivos que visten sus ídolos.
Y así caímos en la trampa. Crédito, crédito, crédito. Los bancos tranquilos: “sus vidas están en nuestras manos, sus avales también”. Una pequeña ayudita: “crédito fácil”, dinero para todos, el consumidor es frágil, no piensa en los intereses, no lee la letra pequeña. Los pescaditos caen en la trampa, consumirán y consumirán, utilizarán nuestro crédito, se enterrarán con los intereses, trabajarán toda su vida para pagarnos a nosotros, y si por cualquier motivo no pueden pagar refinanciamos, eso sí, con mayores intereses y algunas comisioncitas extras por aquí y por allá. ¡VIVA LA USURA! Y mientras tanto a deslocalizar empresas, una vuelta al siglo XIX, a la búsqueda de países donde poder producir con sueldos de miseria productos de primer nivel para consumir en Occidente.
Y por si eso no fuera poco llegó la fiebre inmobiliaria. Todo el mundo comprando y vendiendo, generando créditos aún mayores, creando fortunas donde no las había, alcanzando cotas de paro inusualmente bajas gracias a un modelo temporal y efímero, alicatador de playas y costas, fagocitador del medio ambiente, pisos en alquiler por doquier, precios en alza, familias que para tener un techo necesitan dos sueldos, jóvenes imposibilitados para emanciparse, corrupción a la carta en ayuntamientos, recalifícame este terrenito…
Para cuando algunos quisieron dar la voz de alarma ya era tarde, y aunque no lo fuera pocos lo hubiesen oído, ciegos y sordos ante la orgía de bonanza. Además de no querer ver lo que estaba pasando no se sabía lo que ocurría con las maniobras paralelas del gran capital financiero, dedicado a mover de un sitio a otro dinero no existente, dinero que no se preveía iba a volver a la calle nunca, dinero ficticio para juegos de monopoly de los grandes ejecutivos. Bancos prestándose entre sí para vaya usted a saber qué compra de activos. Más dinero escrito en numeritos que real impreso en papel a la caza de beneficios multimillonarios año tras año. Y cuando explotó el escándalo de las subprime y hubo que empezar a hacer frente a pagos metálicos se encontraron con que no había y el cataclismo se puso en marcha hasta lo que hoy tenemos encima.
En Abril de 2008 la banca española expuso sus números: beneficio, por supuesto. Pero no tanto como lo habitual. Lo novedoso es que en aquel entonces tuvieron la desfachatez de pedir por vez primera al gobierno que había que ayudarles. ¿La banca pidiendo ayuda al Estado?, ¿a ese estado al que habían estado durante años pidiendo menos regulación, más libertad para sus especulaciones y chanchullos? ¿A ese ente que impide el libre y “natural desarrollo del mercado”? Su argumento es claro: son sector estratégico en la estabilidad del país y por tanto sería un suicidio dejarles caer. Y sin embargo…¿a quién le piden que gaste para reactivar el consumo que está en la base de la actividad económica? A nosotros, al ciudadano. Pero pese a ese rol clave en el sistema nosotros no somos sector estratégico, y si unos cuantos se quedan por el camino, pierden sus casas, sus negocios e incluso su vida no importa, somos muchos. ¿Por qué el señor Botín no se plantea avalar con sus bienes los problemas de su empresa en lugar de pedir ayuda a PAPÁ ESTADO? Nosotros sí que tenemos que hacerlo, ellos no, con los poderosos siempre hay trato deferente. Tuvimos que tragar con que en Estados Unidos se despidiese de sus empleos a los grandes ejecutivos que habían practicado esta economía dinamitera, pero se fueron con indemnizaciones multimillonarias y ahora están riéndose de todo en una playa cocotera. Aquí ya hemos tenido que tragar con que el Estado soltase una millonada para ayudar a los bancos. Con condiciones, eso sí. Tenían que reactivar el crédito a familias y empresas. ¿Lo han hecho? No. Están salvando sus números. Y el gobierno advierte, incluso la Unión Europea advierte, pero ellos se descojonan de todos.
Nos han embaucado, nos han engañado y ahora lo vamos a pagar. Y que alguien diga las cosas claras de una vez. En este mundo somos muchos para que haya para todos, y menos aún en un sistema hecho y pensado para el beneficio del rico. Las cosas nunca han ido tan bien como pretendían hacernos creer las maravillosas cifras macroeconómicas de las legislaturas de Aznar y la primera de Zapatero. Se han ido poniendo parches que distorsionasen la realidad. En el caso español todo comenzó con el mito del pleno empleo. España ha sido históricamente, desde siempre, un país con un paro estructural endémico. Nuestra riqueza natural y nuestro tejido industrial no daba para todos…por eso fuimos país de emigrantes. El sistema de empleo temporal que comenzó a instaurar Felipe González fue el primer paño caliente para maquillar los números. El empleo ascendía, pero los grandes informes no tenían en cuenta la precariedad y la temporalidad. Flexibilidad para el despido con el chantaje de promover la actividad empresarial, la inversión privada y la contratación. Luego el boom inmobiliario consiguió poner en el tajo a muchísima gente, atraer inmigrantes, conseguir nueva población que cotizase y pagase las pensiones de nuestros mayores, y así las cifras macroeconómicas seguían aumentando…pero la vida real, la microeconomía, el de pie de calle, navegaba en la deuda crediticia, maquillada como ya hemos explicado, pero viva gracias al circulante proveniente del crédito alegre. Cuando ese circulante ha cesado por las prácticas infames de banqueros e inversores todo se queda con el culo al aire. Cerrado el crédito que parecía eterno y nos mantenía a flote a muchos las empresas pequeñas quiebran y la gente va al paro, volvemos al desempleo estructural español de toda la vida al que hay que sumar el de los muchos inmigrantes que vinieron a salir de su miseria y a los que ahora se les rompe el sueño. Y el efecto miedo no ayuda, al que le queda algo le suena en la cabeza la campanita que advierte que es momento de nadar y guardar la ropa, y de ese modo caminamos hacia la parálisis y la tensión social.
Miremos de nuevo un poco alrededor. En este panorama ya hemos visto como en Inglaterra hay movilizaciones contra el trabajador extranjero, como se empiezan a proponer medidas proteccionistas del producto nacional, en Grecia ha habido disturbios de la izquierda anti-sistema y aquí ya se oyen por las calles comentarios del tipo “estos tíos están haciendo bueno a Franco”, lo cual no deja de ponerle a uno la piel de gallina. Si aquí el gobierno hace caso a los tiburones patronales que piden otro paso más hacia el extremo en la flexibilidad del despido, la huelga general será inmediata y comenzarán las tensiones sociales.
¿Qué va a pasar? Probablemente se estén buscando soluciones que hagan lo que se ha hecho hasta ahora: repensar el sistema sin salirse de él, buscar un parche duradero, que reorganice todo hasta que vuelva a quebrar la casa del rico. ¿Pero será suficiente? Ha sido tan flagrante lo que han hecho las altas esferas que muchos creen que no será bastante, que habrá que cambiar muchas cosas…pero dudo que lleguen al extremo de poner de una vez por todas coto al gran capital. El primer problema reside en que la política no se rige por principios políticos, sino económicos. El FMI, el Banco Mundial, la Unión Europea, los diversos grupos “G” son mucho más decisores que Naciones Unidas. Las grandes decisiones políticas están supeditadas en foros internacionales al refrendo del gran capital. De la derecha no espero nada, bueno, quizá sí, que no se deje llevar por oleadas populistas de corte extremo que tan fácilmente se expanden en momentos así. De la izquierda tradicional tampoco, y me refiero como tradicional a las socialdemocracias domesticadas que ya son amigas del rico. Hay que pensar en nuevos modelos que provengan de esa izquierda social insatisfecha, reivindicativa, denunciante, humanista y ecológica. Hay que repensar muchas cosas, hay que volver a leer a Marx, del cual se pueden discutir muchas cosas y responsabilizar por otras tantas, pero al que no se le puede negar su espléndido análisis del capitalismo (que el arzobispo de Munich lo citase para condenar las prácticas financieras amorales es todo un síntoma) y dejar de leerlo por las esquinas a escondidas (sobre todo desde la caída del Muro). Hay que poner coto a la cultura del dinero, la posesión acumulativa, la especulación, la explotación del Tercer Mundo y el deterioro del planeta. Parecen muchas cosas, pero todas tienen nexos. Hay que pensar en el mañana de forma nueva y, sobre todo, se necesita volver a movilizar políticamente a la gente. Precisamente esta desmovilización y la desinhibición de los asuntos públicos ha sido otro de los grandes triunfos del sistema: que la gente se aburra con la política, que vote, pero que no esté activa. ¡Cuánto nos cuesta salir a la calle! Es más, con ese tedio pocos son los que entienden que la política es fundamental en la vida de cada uno de nosotros, y que participar debiera ser un deber cívico para todos. Así vemos como hay gente que se quiere dedicar a la política para hacer de ella su modo de vida y otros que recurren a ella para afianzar e incrementar sus negocios y chanchullos así como los de sus próximos. Hay que redefinir muchas cosas.
Si tuviese las respuestas no estaría dándome de cabezazos contra las paredes viendo mi ruina personal y familiar; estaría recibiendo el premio Nobel. Pero lo que tengo claro es que tenemos encima una crisis de una incertidumbre monumental y que si no queremos consecuencias indeseables para todos habrá que ponerse manos a la obra. Habrá que activar foros de debate, habrá que ver si los políticos responden (nuestro querido Obama parece querer ponerse manos a la obra, pero a ver hasta dónde llega o le dejan, como también es cierto que Zapatero parece no querer ceder a ciertas presiones), y si no responden la sociedad que realmente quiera un cambio deberá hacerse oir. Imaginad que de pronto todos DECIMOS NO A LA DICTADURA BANCARIA, nos negamos a seguir llenándoles los bolsillos con sus intereses usureros y chantajistas, NOS NEGAMOS A PAGAR UN CÉNTIMO MÁS a su extorsión y ponemos el sistema patas arriba, ¿nos escucharán entonces? ¿qué van a hacer los bancos? ¿quedarse con todas nuestras casas? ¿a quién se las venderían? ¿nos meterían a todos en la cárcel? ¿a medio país?
Que alguien pare esta sangría. Que les frenen los pies. Que no nos estafen nunca más. Que no cabalguen libremente en su propio beneficio otra vez. Que el estado regule sus normas, comisiones, intereses e inversiones. Que los controlen porque son peligrosos.
martes, 20 de enero de 2009
ADIÓS, W.
Por tanto adiós al cowboy, al ignorante, a la sonrisilla de granjero recién peído, al conmigo o contra mí, al cataclismo estratégico, a las mentiras de estado, al capitalismo salvaje, al hombre tocado por el dedo de Dios, al vengativo, al torpe, al que esconde, al que llena el bolsillo de sus amigos, al adulador de cristianos integristas, al amigo del rifle, al Presdiente pucherazo. Adiós W.
Y en el fondo en el fondo, no creo que seas tan abyecto, muy en el fondo tengo la impresión de que has sido el tonto útil de quienes te pagaron tus campañas. Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, esos halcones negros de los que te rodeaste, con tanto que callar y tanto que cerrar en su caja fuerte. Ojalá algún día podamos cuadrar todo el beneficio que ellos han sacado de tu política exterior y encontremos la explicación a tanta mentira y tanto error inexplicable.
Pero esto será otra cosa. Otro día hablamos de la conspiranoia.
domingo, 11 de enero de 2009
2009: ¿EL AÑO DE OBAMA?
El año del cataclismo económico se cerró con el "huracán Obama" como símbolo de esperanza. En verdad todo un hito en la historia que veamos encumbrado al primer presidente negro de los Estados Unidos. Pero cuidado, esto no es garantía de nada. Tuvimos que escuchar desatadas declaraciones de amor desde la progresía mundial olvidando que aún está por ver un demócrata estadounidense que sea realmente de izquierdas. Nos volvemos a olvidar que Estados Unidos es otro mundo, donde ni siquiera los conceptos que por el viejo continente manejamos con familiaridad significan lo mismo. Allí hablar de socialismo sigue siendo mentar a la bicha de la gran mayoría de la población. Así que tranquilos y a esperar. De entrada Obama ha dado dos síntomas que me parecen significativos: en primer lugar su intención declarada de reducir el poder de los lobbies, los cuales, como bien sabemos, condicionan con sus donaciones toda la estructura de candidatos y campañas y, a la postre, muchas de las políticas de la Casa Blanca. En segundo lugar, y más reciente, su decisión de poner al representante en la ONU bajo la tutela directa del Presidente, lo cual hace pensar que Obama quiere darle a la ONU un papel que hasta ahora venían despreciando los anteriores Gobiernos, especialmente en la reciente negra era de Bush Jr. Puede que estemos en la antesala de una reforma que haga de una vez que la ONU sea de una vez un órgano competente y respetado. Ya veremos. En el debe ya hay quien se está alarmando (por lo general los mismos que aclamaron su victoria) ante el silencio que guarda respecto de los acontecimientos en Gaza. Seamos cuerdos: Obama aún no es Presidente, Bush sigue al frente, ¿es lógico que actúe como si ya lo fuera? Creo, en principio, que su silencio está ahora justificado, veremos a partir del día 20.
Pero sin duda lo más destacable del triunfo de Obama es una conclusión a la que llegué al ver los resultados pormenorizados, es decir, Obama movilizó a sectores poblacionales que habitualmente no votan, a sectores desencantados, y lo hizo en torno al famoso YES, WE CAN, un mensaje de cambio y de esperanza, y lo que esto supone es romper un viejo axioma de los políticos cuando consideran que el electorado tiene miedo al cambio, que las propuestas arriesgadas no son bien acogidas y que el candidato que las enarbole corre el serio riesgo del batacazo en la urnas. ¿Recuerdan a Allende?, ¿recuerdan el primer triunfo de González en el 82?, sin ir más lejos...¿recuerdan el NO NOS FALLES lanzado a Zapatero en 2004? La política tradicional convierte en paradigma real el miedo a perder su propio estatus cuando lanza este tipo de mensajes, pero es incapaz de ver que, en situaciones complicadas, cuando aparece alguien que es capaz de aglutinar descontentos y hacer apuestas arriesgadas, aunque sean formales, rompiendo tabúes y normas no escritas, inunda de ilusión a un electorado precisamente carente de ella. Eso es lo que creo que ha significado por encima de todo el triunfo de Obama, la constatación de que el pueblo se encuentra a menudo falto de estímulos electorales aglutinantes, que le hagan sentir parte del cotarro, que les refuerce como pieza clave de la democracia. La constatación de que son necesarios muchos valientes en política. Sin ellos, elecciones en momentos de crisis es igual a discurso del miedo y voto conservador.
Que Obama luego nos decepcione es otro asunto...demos tiempo al tiempo.
sábado, 30 de agosto de 2008
No pienses en un elefante

George Lakoff parece haberse erigido en uno de los nuevos totems de las socialdemocracias allende los mares, de hecho estuvo entre los destacados del "comité de sabios" que el PSOE agrupó como asesores en su última campaña.
Lakoff es experto en lingüistica cognitiva y ha profundizado en la naturaleza del pensamiento y su expresión en el lenguaje, yendo un poco más allá al aplicar sus conocimientos en la estructuración del discurso político.
Este pequeño librito, aparecido en 2004 es ya lectura de cabecera de los demócratas estadounidenses y desde su traducción en 2007 al castellano es recomendado por cualquier miembro del PSOE preocupado por la estrategia y el discurso.
Al margen del alineamiento reconocido de Lakoff en el mundo "progresista" el libro resulta muy interesante para cualquiera que quiera indagar un poco en esto de la confección del mensaje, ya que es un libro reactivo, es decir: Lakoff reconoce que la derecha lleva décadas de adelanto trabajando en este campo y ahora conmina a la izquierda a que haga lo mismo, por tanto la receta es válida para cualquiera, sea del color político que sea. A la derecha le ha funcionado, y ahora pretende que la izquierda trabaje utilizando las mismas herramientas para sacar aún más provecho que aquellos. Obvio, para Lakoff los valores progresistas son mejores y se puede sacar más partido de ellos.
Todo el argumento rota en torno a la idea de el pensamiento humano se fundamenta en códigos que configuran un marco ideal, de encuadre fundamental de mensaje. Según este profesor de Berkeley dichos marcos responden a dos modelos clásicos ligados a la idea familiar: la del padre protector (identificado con el pensamiento progresista) y la del padre estricto (la derecha). En función de esos marcos predeterminados, el político debe pensar su mensaje para que sea capaz de ser percibido dentro de los códigos naturales del tipo de persona a quien se dirigen.
Es un resumen a grandes rasgos de un libro pequeño de lectura fácil, comprensible e interesante, pero además de ello me gustaría destacar un aspecto al que Lakoff hace referencia. Como ya he dicho el autor hace mención a que la derecha (estadounidense en particular, de hecho todo el libro se centra en la experiencia de este país y quizá ello sea su mayor punto débil) lleva décadas trabajando el pensamiento, buscando coincidencias de mensaje, dinfundiendo ideas, invirtiendo (toneladas de dinero) en publicaciones y think tanks en los que formar analistas y luego exportarlos a los medios de comunicación, todo ello con la intención de expandir su mensaje lo más unitariamente posible a cuantos más vientos mejor. Por contra reprocha a la izquierda que durante tantos años haya dado por bueno el mito idiota y falaz de que a la derecha no le interesa la cultura y el estudio. A fuerza de mirarse el ombligo como única fábrica de ideas, la derecha y sus think tanks los adelantaron por los cuatro costados. ¿Les suena esto de algo? Una pista: sumen Zapatero + Caldera + Fundaciones PSOE y tendrán como resultado la gran fábrica de ideas que se publicitó tras las últimas elecciones. Claro como el agua, ¿verdad?.
No pienses en un elefante. George Lakoff. Editorial Complutense, Madrid: 2007.
miércoles, 6 de agosto de 2008
A vueltas con De Juana
Los medios crean estados de opinión, y venden problemas sacados oportunamente a la luz en determinadas situaciones, creando la ilusión de que están sucediendo por primera vez, o generando una sensación de agravamiento de ciertos asuntos como si estuviéramos al borde del abismo.
Uno se pregunta si aquella oleada de hace algunos años de perros asesinos fue un virus extraterrestre o si un buen puñado de estos animales formaron un contubernio para atacar seres humanos. Durante algunas semanas raro era el día en que no aparecía un caso. ¿Nunca antes lo hubo? ¿Nunca después? Lo mismo sucedió con execrables casos de violación y asesinato que, probablemente por la saña con que los criminales se cebaron en las víctimas, fueron morboso tema de portada durante buenas temporadas. En un esfuerzo memorístico parece que nada pasó entre las niñas de Alcàsser y Sandra Palo. Sin embargo las violaciones continuaron produciéndose en los años que median entre ambos casos.
En este tipo de ejemplos el comportamiento de los medios suele responder a las ventas que produce el morbo, pero a la vez contribuyen enormemente a generar una alarma social que, aunque no siempre podamos decir que es injustificada, si puede llegar a tener ciertas consecuencias no deseadas. El clamor de la calle puede traducirse en una salida a la palestra de las autoridades políticas que en virtud de calmar por un lado dicho clamor, y por otro anotarse un tanto ante la ciudadanía, especialmente si hay citas electorales a la vista, prometen la tipificación de nuevos delitos, reformas del Código Penal o endurecimiento de penas. En muchas ocasiones, como ya hemos visto, provocando desajustes y agravios entre las penas previstas para determinados delitos, castigando al que está en boca de todos por encima incluso de otros que objetivamente conllevan una mayor gravedad.
En el caso De Juana Chaos el clamor iba un poco más allá, abogándose para dicho reo un cierto tipo de medidas más próximas al llamado derecho penal del enemigo que al que sería deseable en un Estado de Derecho. Probablemente pocos de quienes se lanzaron a la calle en aquellos días conocían los entresijos del caso, lo que se estaba debatiendo o los detalles del proceso legal (no siempre claro y coherente, por otra parte, tanto desde las autoridades judiciales como desde el Gobierno). Se había generado la ilusión de que el Gobierno iba a liberar a un asesino de ETA. Eso era suficiente para tomar la calle. Parecía que era la primera vez en la historia que un etarra salía de prisión.
Reclamar a la ciudadanía conocimientos suficientes como para juzgar las cosas por si misma de un modo sólido se antoja una utopía. Es, por tanto, comprensible que no sepan cómo funciona el régimen penitenciario, qué beneficios y reducciones había conseguido el etarra, porqué y cuándo (léase bajo que gobierno), qué determinaba el Código Penal con que fue juzgado (las variaciones en la norma son en derecho no retroactivas salvo en beneficio del reo), porqué se le pretendía mantener en la cárcel y porqué se le llevaba a un hospital o se le alimentaba a la fuerza. Tampoco, y es lamentable, se les supone conocedores de los principios que rigen el ordenamiento legal del Estado de Derecho, especialmente el criterio de la pena como medio de reinserción. Lo alarmante de todo esto es el poco esfuerzo que se hace en explicarlo, y lo peor, es ver a representantes políticos, que en otro tiempo dispensaron aún mayores beneficios penitenciarios, a los que se les supone que sí conocen estos detalles, codo con codo, encabezando la manifestación, agitando a sectores tan sensibles a estos casos como son las víctimas dejando patente ya no sólo un uso partidista del caso, sino un ejercicio de soberana irresponsabilidad social… ¿o quizá no tanto?
Hace poco tuvimos sobre la mesa el caso de la niña asesinada en Huelva, y de nuevo la gente salió a la calle. Otra vez se volvió a hablar de endurecimiento de penas, incluso de cadenas perpetuas. Un caso terrible que tuvo como cúspide una serie de errores de aplicación de sentencias se trató de llevar al campo del endurecimiento de la pena (si es que no lo es ya lo suficiente), porque es lo primero que pide la ciudadanía ante un escándalo semejante. Esta vez parece que los responsables políticos salieron al paso pidiendo cordura y tratando de explicar el problema, pero ¿se esforzaron lo suficiente como para que el mensaje quedase claro? ¿Recogieron el testigo los medios para informar de cómo realmente funciona esto?
Si uno no anda con cuidado en estos temas tan sensibles puede encontrarse siendo acusado de amigo de los terroristas (o violadores, póngase lo que proceda), cuando en realidad de lo que se trata es de mantener la legislación del Estado de Derecho dentro de los principios que se le presuponen. Es una postura impopular en momentos así, y difícil de mantener como difícil es nadar contra la corriente, pero absolutamente necesaria si no se quiere volver a los tiempos de la ejecución en plaza pública. Por tanto que quede claro el abisal desprecio que me produce un personaje como De Juana, que su actitud pone muy en duda la función de reinserción de las penas de cárcel puesto que no solamente se arrepiente sino que además continúa enalteciendo su lucha y la de sus afines, y es que no parece tan fácil conseguir el mea culpa de un criminal ideológico. Por ello, defendiendo que este asesino debe estar en la calle porque oficialmente su pena está cumplida, no se le debe dar el más mínimo margen para que cometa el más mínimo enaltecimiento o apología del crimen terrorista. En estos días ya se han oído voces desde el Gobierno vasco pidiendo que no se construyan nuevas acusaciones, cuando él solito da pie a ello, o que se marche lejos porque no le van a dejar en paz los que piden venganza, e incluso acusando a priori a la Fiscalía General del Estado de tener una actitud contraria a la democracia. Manifestaciones como esta vuelven a dejar patente que el PNV, en lo tocante al problema vasco, continúa jugando a lo suyo, condenando el terrorismo cuando toca pero protegiendo la casa común cuando hay que hacer frente nacionalista. Aquellos que desde el PP acusan al PNV de tener los mismos objetivos que ETA (es cierto en parte) y agenda (un exceso inadmisible) pueden ver reforzadas sus posturas con declaraciones como estas, hipócritas, cobardes y falsarias.
No se hace ningún favor el nacionalismo democrático vasco dando cobertura a De Juana. Quizá el día que abandonen sus flirteos, el día que se den cuenta que ante el totalitarismo asesino no hay puntos en común, el día que dejen de pensar en el beneficio propio, quizá ese sea el día en que se produzca, de verdad, el principio del fin.
martes, 5 de agosto de 2008
Un corazón invencible (A mighty heart)
Inauguramos la sección cine con esta película que recientemente ha caído en mis manos y que se pudo ver en las pantallas a finales del año pasado.
Narra la desaparición de Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal secuestrado en Pakistán en enero de 2002, la investigación y el final desenlace. Uno se alegra que proyectos de este tipo caigan en manos de gente como Winterbottom, porque hubiese sido muy fácil hacer lo que hubiese hecho Hollywood en el 95% de las ocasiones: fabricarnos un folletín lacrimógeno y maniqueo. Sin embargo esta película, fiel a ese estilo británico que va rozando en la forma de rodar las claves del documental, aparece como un producto descarnado, sin artificios (no los necesita, la historia que cuenta ya se las trae de por sí), sin chorretones de sangre gratuítos (cosa que le añade una dignidad más que loable), sin dramatismos innecesarios y, lo que más me ha gustado, con un respeto escrupuloso a los hechos. Sin pretender ser didáctica ni dar una lección académica de lo que se cuece en Pakistán, cualquiera que tenga un poquito de formación en el tema va a identificar un montón de cosas, y al que no las tenga le va a dar algunas claves con las que encuadrar un poco mejor una historia compleja, un drama individual que sin embargo mantiene estrechos lazos con lo que sucedía a nivel mundial en aquellos momentos. El retrato del ISI (servicio secreto pakistaní), el juego a tres bandas de las autoridades militares de aquel país (entre los rescoldos del apoyo a los talibanes, la emergente presión diplomática estadounidense y la paranoia anti-india), el fluir de la red de Al-Qaeda por las intrincadas callejas de las ciudades y, sobre todo, su cálculo, el cálculo estratégico que muchas veces obviamos amparando al enemigo en su supuesta locura.
Una película muy seria, de esas que cuentan las cosas como ya pocas veces se hace, y ojo que la Jolie está estupenda.
A Mighty Heart. (R.U.-USA, 2007), de Michael Winterbottom. 100 minutos.
P.D.: Daniel Pearl apareció despedazado en siete trozos alrededor de un mes después de su desaparición, un vídeo entregado poco antes mostraba su decapitación. La mano ejecutora se le supone a Khalid Seijk Mohammed, yihadista de larga trayectoria e implicado en algunos de los proyectos más sonados de Al-Qaeda como el primer atentado contra el World Trade Center en 1993, el intento de volar en vuelo varios aviones en medio del Pacífico y el propio 11-S.
